¿Por qué dar propinas?

“No sabemos lo que tenemos, hasta que lo perdemos” -Pero, la diferencia entre tener material y tener espiritual, es suficientemente grande como para desprendernos de casi todo.

 

Hola a todos, chicas y chicos de Mentalidad Fitness.

Como leéis: propinas.

Y sí. Os preguntaréis: ¿Qué tiene esto que ver con Mentalidad Fitness?

Bueno, Mentalidad Fitness es vuestro blog de Fitness, salud y desarrollo personal.

Este post va más encaminado -indudablemente- a la última.

Antes de entrar en materia…

Quería desearos, en mi nombre y en nombre del equipo, unas felices vacaciones. Tanto si habéis acabado las mismas (mes de julio) o, si las habéis empezado en agosto, esperamos que sean muy reponedoras y que vuelvan con las pilas cargadas. O, al menos, con ganas de cogerlas de nuevo. Eso es buena señal, siempre.

Vamos a ello, ¿No?

¿Qué es la propina? O, más bien, ¿Qué significa?

La propina tiene un diferente concepto según el país. Muchos podemos pensar que es algo obligatorio. Sin embargo, es también denominada como “servicio”. Cuando una factura dice: “servicio no incluido” quiere decir que, el servicio se paga en propina. Y, es opcional. Y cuando la factura lo incluye, estás aceptando dejar propina. En cualquier caso, puedes excluirlo voluntariamente en las facturas donde previamente está ya cargado. Es el típico ejemplo de UK.

Por tanto, la propina es el pago voluntario del servicio ofrecido por el establecimiento.

Más allá del concepto.

Las propinas tienen una naturaleza curiosa, en mi opinión.

¿Por qué darlas?

Muchos pensarán -como yo hice en su día:

Total, si esta gente que trabaja aquí ya están pagados.

Si yo estoy pagando ya en la cuenta xx,xx €.

Para qué; si ya es caro de por sí.

Si hombre; prefiero en gastármelo en algo para mí.

Y un sin fin de excusas. Creedme, yo las tuve. Y, al final, es para nada. Te gastas esos 1, 2, 3, 4, 5 euros en cualquier tontería.

No os echéis encima y digáis que con 5 euros vais a haceros ricos, año tras años. Nunca pasa. No va a pasar esta vez.

De todas formas, cada cual es libre de hacer con su dinero lo que quiera.

Volviendo al hilo principal de la propina, por qué darlas desde mi perspectiva, es simple: es su valor humano y emocional. Cierto es, que estamos hablando de dinero. Rápido viene, rápido va. Y, joder, es sólo dinero.

Lo que está implícito en esa pequeña cantidad adicional, que voluntariamente damos en los establecimientos,  es una manera de decir: “buen trabajo”. “Lo has hecho muy bien”. “Me ha gustado su servicio”. “Aprecio su [atención / dedicación / interés / amabilidad]”.

Esa propina motivará a los empleados a hacer mejor su trabajo. A mantenerse en un mejor humor y, en definitiva a ofrecer un mejor servicio para quien/es visitan el sitio en cuestión. Y, funciona. Para todos.

Es bastante habitual, por desgracia, gente que va a los restaurantes, bares, cafeterías, etcétera con un humor de perros, enfadados y, no tienen otra cosa que, pagar los platos rotos con quienes no te conocen de nada. Pero claro, no conozco casos -en mi experiencia personal- donde un trabajador de la restauración haya tratado -delante mía- o a mí, de manera irrespetuosa. Lo cual no quita que, ese trabajador tenga un mal día, esté enfadad@, deprimid@, cansad@ o de mal humor. Siempre, te tratan de la mejor manera que saben y pueden.

Entonces, ¿Por qué no dar lo mismo a cambio?

Todos, absolutamente todos necesitamos  una palmadita en la espalda, una confirmación de que lo estamos haciendo bien. Eso nos reconforta. Nos da confianza y nos hace mejorar.

La propina, nos aporta éso. Y, honestamente, podría implantarse en casi todos los negocios, por no decir todos. Al menos, de alguna manera. Todos nos sentiríamos mejor.

Dar propina, nos beneficia a todos.

Ésta, es una afirmación de la que cada día me siento más seguro. Cuando estás detrás de los focos: cuando no eres el cliente, la empatía hacia los trabajadores del sector crece enormemente. Sabes cuán importante puede llegar a ser. Puede marcar la diferencia entre vivir ajustado y vivir cómodo. Creedme.

Ahora, cuando estamos en la posición de consumidor la realidad es diferente. La propina que damos no nos va a sacar de pobres ni, el evitarla, nos va a hacer ricos. Cuando disponemos de dinero, lo gastamos. Si vemos algo que queremos y tenemos dinero, lo compramos. Y puede ser una idiotez. Seguro.

Pero, al dar la propina, nos sentimos bien con nosotros mismos. Sentimos que todo ha merecido la pena, que ha sido una gran experiencia y, que por ello nos encontramos en disposición de premiarla. Hacer felices a los demás, nos hace felices. A menos que seas una persona trahumada o tengas que cambiar algunas cosas de tí mismo. Empezando por, valorarse a uno mismo.

Definitivamente, no sólo es la propina.

Todo esto no quita que, cuando vayamos a cualquier establecimiento, seamos agradecidos con palabras positivas. Independientemente de lo que decidamos respecto a la propina económica.

Unas simples palabras de apoyo, cariño y respeto siempre son bienvenidas. No importa para quién o dónde. Siempre.

Nos leemos pronto, amigos de España y Latinoamérica.

2 comentarios en “¿Por qué dar propinas?

  1. Enfocas todo pro-camarero. Cuando la mayoría -o todos- los argumentos que das son aplicables también a la inversa:
    ¿Por qué no dar propina?
    – Porque sólo es dinero.
    – Porque se lo gastará en cualquier tontería y no lo va a sacar de pobre.
    – Porque para motivar y dar ánimos puedo usar unas palabras.

    Intentas hacer ver que para el consumidor es algo sin valor, pero para el camarero “puede marcar la diferencia entre vivir ajustado y vivir cómodo”… Tal vez estabas hablando de clientes de clase alta y trabajadores de clase baja, no lo sé. Pero, al fin y al cabo, aseveraciones no muy acertadas, como llamar prácticamente amargado a quién no la da. Y sin mencionar que en muchos países se considera de mala educación dar propina.

    En cualquier caso, da la sensación de que quién lo ha escrito está trabajando de camarero. Y tal vez no muy contento/a con su sueldo.

    1. Hola, José. Lo primero, muchas gracias por comentar y por haber leído el artículo hasta el final. Lo que, desde Mentalidad Fitness buscamos es, crear debate sobre los tópicos y temas de los que hablamos y siempre es enriquecedor plantear diferentes posturas.

      Tienes razón cuando dices que los argumentos se pueden aplicar a la inversa. Sin embargo, mi posición es la siguiente: estamos muy acostumbrados a partir de una premisa negativa en muchísimas situaciones cotidianas (ya sean personales, profesionales o, de otra cualquier índole). Comentas que, es sólo dinero. Y lo entiendo. Es más -como trabajador de la hostelería (soy yo quien escribió el artículo, pero no soy camarero)-: te diría que un porcentaje muy elevado prefiere un buen “feedback” del cliente a un feedback económico. También opino que, una cosa no quita la otra.

      Por otro lado, hablamos de personas que van a un establecimiento y, que en ocasiones tienen un poder adquisitivo alto. Otras veces, no. En cualquier caso, -y esto es estrictamente mi punto de vista- la propina no tiene una cantidad definida por ninguna norma, por lo cual cada uno decide si la deja o si no, y cuanto deja, en su libre albedrío. Pero, sí que creo que las propinas para un trabajador de la hostelería, marcan la diferencia. Esto es irrefutable, al menos donde yo trabajo. Y podría extenderlo en muchos negocios (no creo que el mío sea una excepción, al menos lo espero). Cuando hablo de “vivir ajustado y vivir cómodo” es, simplemente eso. En una temporada alta, la diferencia real (en mi caso, y en el tiempo que me he estado dedicando a la hostelería) es de un 20 – 45 % (te hablo con números: de 37,5 € de salario a 75 €, o de 37,5 a 50,5 € según el día). No quiero parecer pretencioso. Sólamente te pongo un ejemplo de mi experiencia personal. Eso, en un mes, te aseguro que marca completamente la diferencia. Muchísimo.

      Y, entiéndeme. No quiero decir que el no dar propina te hace peor persona. Lo que bien he escrito es, que el dar propina nos proporciona una sensación de bienestar porque pensamos que estamos ayudando a otra persona. Y esa persona, -quien recibe la propina- generalmente está agradecida por ese gesto. Volviendo a lo anterior. Unas palabras, son más que suficiente.
      De todas formas, en cada lugar es diferente: no es lo mismo en Reino Unido, que en España, Italia o Francia, sin hablar de países del Sudeste asíatico como por ejemplo, Tailandia, Camboya o Indonesia. Habrá países donde se considere como una falta de educación. Honestamente, no los conozco.

      Por último. El escribir este artículo tenía una finalidad más: y es, ser un poco más empático con quienes trabajan/mos en el sector de la hostelería. No menosprecio a quien no da propina; expongo que, al estar en la piel del colectivo que trabaja para el público, me hace valorar el esfuerzo por hacer un buen trabajo y tratar de ofrecer una buena experiencia al consumidor. No es un amargado el que no da una propina. Considero que es un “amargado”, quien no mueve un dedo por hacer feliz a los demás, ya que en numerosas ocasiones no hace falta más para estar un poco más a gusto con la vida.
      Volviendo a lo anterior, no es el último puesto de trabajo en el que voy a estar. Eso seguro. Es tan digno como otro cualquiera. Y, te diría que más sacrificado que otros: y, a veces infravalorado como la labor de un médico, por ejemplo (opinión). Ya sabes, no todo es blanco o negro. Hay matices, y desafortunadamente pararme en cada uno de los puntos conflictivos o un poco más sensacionalistas, me daría para escribir un análisis socio-económico y, aun así, no todos estaríamos contentos. El sueldo, es lo de menos y estoy realmente feliz con él. Quédate con lo que dije al final (cada uno con su dinero hace lo que quiere); unas palabras son más valiosas que el dinero (afortunadamente).

      Disculpa esta contestación tan larga, sólo quería explicar mi postura. De nuevo, te agradezco tu interés sobre el tema y encantado de leer diferentes posturas. Siempre nos ayuda a crecer.
      Un saludo!

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