Perder peso en un momento clave también es importante

“Caminante, no hay camino. Se hace camino al andar”.

 

Andaba yo buscando tema específico sobre el que hablaros este mes, y lo cierto es que quería que estuviese enfocado a la alimentación, ya que llevo varios artículos tratando con vosotras/os temas más orientados a la actividad física y al desarrollo personal. Y mirad por dónde, vamos a terminar hablando de perder peso, aunque haga relativamente poco que uno de mis compañeros os dejara unos tips de lo más útiles, y que podéis echarles un vistazo aquí.

Lo cierto es que yo quiero enfocaros el tema desde otro ángulo muy distinto; y es que tras un encierro obligatorio de casi tres días en casa por culpa de la gripe, entre pañuelos, termómetro y medicinas, me puse a echar un vistazo por esas cuentas de Instagram que tanto seguí durante mi primer año de cambio. Creo que nunca os lo he contado, pero ha sido otra de las cosas que me han ayudado, bien aportándome motivación, o bien para coger ideas de entrenamientos o recetas saludables. He aprendido mucho gracias a esas experiencias que personas como yo, han plasmado casi a diario en dicha red social, y siempre son cuentas a las que acudo asiduamente.

Y eso mismo me ha pasado hace un rato. He revisado cuentas tanto de chicos como de chicas, con una situación bastante parecida a la mía, o incluso igual. Muchos/as de ellos/as, suelen compartir a menudo las famosas fotos del antes y el después, hablando en el sentido de la pérdida de peso. Son las fotos que más likes y comentarios reciben, y muchas de ellas no sólo las utilizan sus protagonistas para visualizar rápidamente el esfuerzo de mucho tiempo, sino también como desahogo personal. Aprovechan estas imágenes para echar un poco la vista atrás y contar desde lo más sincero cómo se encuentran después de haber conseguido algo que parecía que nunca podrían.

Es curioso porque casi todas/os coinciden en varias frases, que además de compartir, transcribo ahora para vosotras/os. Quizás el primer puesto se lo lleve esa de “Yo no me veía así”, seguida de su casi idéntica “Me impacta ver estas fotos antiguas, no me reonozco”, o esa otra de “Sigo entrando en una tienda pensando que todavía tengo cuatro tallas más”, y terminando por “Aún no me lo acabo de creer”.

Estas son las más comunes, y da igual si han sido siete, quince o cuarenta los kilos que esa persona haya dejado por el camino; sea cual sea el peso perdido, hay algo que también tienen en común todas esas personas: un cambio de mentalidad, de chip o de pensamiento, como queramos llamarlo. Ha ocurrido algo en la vida de esa persona, que ha hecho que todo su mundo se sacuda (para bien obviamente), con el objetivo de hacerle más fuerte. Si habéis vivido algo parecido, de seguro alcanzaréis a entender mis palabras y no necesariamente habréis tenido que perder peso para sentir algo así.

Esas dos primeras frases que os digo, pueden sonaros a excusa ya que parece una idea demasiado contradictoria. ¿Cómo es eso de que no te reconoces en las fotos, pero después dices que no te veías así? Esta es una de las preguntas que más se hacen al respecto, y ya os digo que parece una contraposición, pero es tan real como la vida misma.

Yo también repaso mis fotografías de los últimos años y pienso eso mismo. Si las comparo con fotografías actuales, pues es cierto que no acabo de reconocerme y es entonces cuando tomo más conciencia del cambio. Pero a su vez, también me hace reflexionar sobre la época de la fotografía antigua. Cojo cualquier foto al al azar, recuerdo el día de la misma, y pienso cuál era mi autopercepción en ese momento. Y lo cierto es que era mayoritariamente positiva, y para nada me avergüenza decir que me veía y sentía bien teniendo obesidad.

Cuando tienes ese problema, hay mucha gente que intenta decirte que deberías perder peso; algunas personas son un poco más sútiles, pero otras, por el contrario, no tienen ningún reparo en decirlo con poca delicadeza. Y por eso, quiero que quede claro que una persona que debe perder peso, directamente lo sabe; no hace falta que nadie venga a decírselo. Porque una cosa muy diferente es que no nos veamos mal con, por ejemlo, veinte kilos de más, y otra muy distinta, ser conscientes de que por salud debemos perder peso.

Algunas de las personas que me dijeron eso alguna vez, a día de hoy no comprenden por qué no les hice caso antes, pero lo que esas personas no llegan a entender es que para todo hay un momento clave. Mi momento fue cuando fue, y punto; ni antes ni después. Por eso he querido hablaros de esto hoy, para que comprendáis que si a vuestro alrededor hay alguien que necesita un cambio, éste se dará cuando esa persona se encuentre preparada, cuando pase algo que le haga abrir los ojos y decirse “Ahora es mi momento”. Y nada podemos hacer los demás por adelantar que una persona se encuentre preparada, o desde luego la solución no pasa por decirle los kilos que le sobran.

A mí te terminó de lanzar al cambio, la demostración de que una vida más saludable es posible y fácil de llevar a cabo, y las innumerables ventajas que trae consigo. Y no es que no supiera todo eso, sino que pude verlo en un ejemplo real, acompañado de motivación. Y no hizo falta más.

Muchas veces me cuesta asimilar todo lo que me ha acontecido en tan poco tiempo (poco más de un año), y de ahí vienen las otras dos frases que más compartimos las personas que hemos pasado por lo mismo. Es un tiempo relativamente corto, en el que la mente y el cuerpo han avanzado demasiado rápido; por eso a veces, seguimos buscando nuestra antigua talla o no terminamos de creer que han cambiado infinidad de cosas.

A día de hoy, en el que sigo sin alcanzar mi normopeso, pero tras varios escalones ascendidos, se me hace imposible no verme reflejada en muchas personas. Veo a mi antigua yo por ahí a cada rato, en distintas personas, con distinto sexo y edad. Veo esos kilos de más (como también me sigo viendo los míos), pero también veo esa venda que antes tenía en los ojos. Veo cómo otra gente les dice que deberían plantearse perder peso ya, y cómo esas personas asienten mientras en el fondo no están siendo correctamente motivadas.

A todas esas personas, quisiera contaros tantas y tantas cosas. Quisiera deciros lo fuertes que sois, aunque aún no hayáis descubierto todas vuestras armas. Lo que podéis conseguir gracias al empeño, la dedicación y la lucha. Que al final no importa cómo seáis exteriormente, sino cómo os sentís. Que es primordial que vuestra salud sea quien camine de vuestro lado. Que no existen los imposibles. Que no estáis solos/as. Y sobre todo, que lo importante es que aprendáis a quereros como nunca lo habéis hecho, y que sólo vosotros/as decidís cuál es vuestro momento.

 

 

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