El alcance de la comida basura: I parte.

 

Cada vez que decimos; «No sé », nos cerramos la puerta de nuestra propia fuente de sabiduría, que es infinita -Hay, Louise L.

¡Hola a todos, chicas y chicos de Mentalidad Fitness! Una semana más estamos aquí para ofreceros otro artículo más y es acerca de la comida. O bueno, quizás la basura. Eso lo descubriremos ahora.

Como podéis imaginar, con tal título de artículo no vamos a ser sino críticos con la tendencia actual en lo que a la alimentación se refiere. Y no vamos a hablar del concepto de comida basura, en sí. Marketing, ingresos, beneficios, salud, tendencias y demás variables, en la mayoría de las ocasiones se enfrentan en un conflicto de intereses.

Lo que hoy quiero exponeros es, simplemente mi punto de vista, apoyado y fundamentado. Quiero aportar mi granito de arena a este océano público llamado Internet. Y, a quien quiera dedicarme su tiempo, le corresponderé con un contenido útil y que le recompense por ello.

Introducción.

Un breve acercamiento a nuestra historia: la gastronomía española en el S. XX.

Como muchos ya sabréis, la gastronomía española se desarrolló enormemente posteriormente a la época de la dictadura. España sufrió el racionamiento y la hambruna de la guerra y la pos guerra, por lo que los alimentos que eran consumidos eran bastante simple.

No hay que documentarse demasiado. Sólamente, preguntad a vuestros mayores cuál era la dieta típica. Ésta, difiere según la región en la que nos encontremos. No era lo mismo comer en la costa malagueña que comer en un pueblo de Castilla.

Al fin y al cabo, la necesidad mandaba. Pero, básicamente la dieta estaba diseñada según la temporada. Patatas, cebollas, tomates, carnes y pescados en ocasiones, harinas y cereales, queso, leche y huevos se encontraban en los platos de los españoles cada día. Unos más y otros menos, cabe decir.

Si hay algo que destacaría como positivo en esta época era que, el procesamiento de los alimentos era menor que hoy en día.

En contra, la variedad de la dieta era muy pobre, con deficiencias importantes de vitaminas y minerales (como Calcio, Vitamina A, Riboflavina y Tiamina), consecuencia de la economía y el desarrollo demográfico.

[…]En 1956 comenzó la realización de una encuesta nacional sobre alimentación, en la que se concedió especial interés a Madrid. […]En este estudio, primero en su género a nivel nacional en España, se estudiaron 60 localidades, constituyendo la muestra en cada una de ellas 40 familias, evaluadas mediante una encuesta familiar directa, basada en la realización de un inventario y pesada de alimentos consumidos dentro del hogar. […]Se observó que un 15% de la población no ingería las calorías necesarias, siendo las familias de menor poder adquisitivo las más propensas a esas deficiencias. […]Además el aporte calórico de la grasa ya era, por entonces, excesivo, proporcionando un 39 % de la energía total consumida. Además, se observaba una clara y progresiva industrialización de todo el territorio nacional; una disminución en el consumo de cereales panificables, un ligero aumento en el consumo de aceites vegetales y gran disminución en el de grasas animales; gran incremento en el consumo de azúcar, carne, huevos y lácteos; ligera disminución en el consumo de patatas y leguminosas. Tenía lugar también una estabilización del consumo de verduras, fruta, pescado y arroz.

Desde los años ’70 hasta hoy.

España se fue modernizando -tarde, pero lo fue haciendo- y ello conllevó progreso. La industria alimentaria -de la que hoy estamos tratando-, se vio potenciada debido a este progreso. Como ya sabemos, el Boom demográfico de los años ’70 significó que la población aumentase considerablemente.

Parece que en aquellos tiempos, no había Netflix.

El Gobierno promovió la Dieta Mediterránea en los años ’70, aunque es verdad que, aunque la producción de AOVE creció considerablemente, éste fue dedicado a la exportación mientras que, en España, se enfatizaba el uso de aceites como el de girasol o el de soja. Muy Tipical Spanish, ¿No?

Pero, ¿Qué es lo que ha pasado hoy?

[…] para juzgar la calidad de una dieta hay que conocer su contenido en energía y nutrientes, y valorar su adecuación a las necesidade nutricionales. En este sentido, la ingesta media de energía de la población de España (2.634 Kcal) es algo superior a lo recomendado (2.199 Kcal). […]Estas cifras son difíciles de evaluar, pues los requerimientos de energía están condicionados por múltiples factores individuales como la edad, tamaño corporal, ritmo de crecimiento y/o reparación tisular y, especialmente, por la actividad física desarrollada. La ingesta calórica ha disminuido aproximadamente 400 Kcal desde 1964, debido, principalmente, al importante descenso del consumo de pan y patatas, siendo éste, probablemente, el cambio más relevante desde el punto de vista nutricional.

Estos datos, del Estudio de Gregorio VarelaEvolución de la alimentación de los Españoles en el pasado S. XX” reflejan una perspectiva de la realidad que hemos vivido y que, seguramente, estamos viviendo hoy en día.

Aquí tenéis el gráfico -muy interesante- de El Economista donde podéis observar la evolución del consumo de alimentos en España desde 1961 al 2011.

Aunque el consumo total de calorías, lejos de haber aumentado, ha disminuido, no parece que esto se corresponda con un descenso de las tasas de obesidad, sino todo lo contrario. Y esto, que es lo que más debería preocuparnos, se debe principalmente al aumento en el consumo de azúcar y carne[*] y la disminución, notable, del consumo de hortalizas (sin olvidar, claro está, el impacto del sedentarismo, que alcanza a más de la mitad de la población).

[*]entiendo, productos cárnicos ultraprocesados: no vamos a decir que la pechuga de pollo, el entrecot de ternera, o un solomillo de pechuga de pavo es muy alto en kcal, ¿No?

Los científicos que elaboraron el pasado año el documento de consenso Obesidad y sedentarismo en el siglo XXI: ¿Qué se puede y se debe hacer? constataron un bajo consumo en nuestro país de cereales[**] y derivados, verduras y hortalizas y legumbres. Por el contrario, observaron un elevado consumo de carnes grasas, embutidos y azúcares sencillos. Una combinación que implica, a la fuerza, un perfil calórico desequilibrado.

[**] Aun así, los profesionales siguen comparando los cereales a las verduras y hortalizas, por el simple hecho de que son -en su mayor porcentaje nutricional- CHO (carbohidratos).

Campañas de marketing actuales.

Las campañas de marketing son como la comida, basura. Tienen un claro objetivo: los más jóvenes de la casa.

Todo se encuentra fácilmente adaptable a una dieta variada y saludable. Sólo hay que comerlo con moderación. O beberlo.

O lo que sería mejor: no comprarlo.

Porque , las galletas Oreo hacen darme cuenta de que, el niño que un día fui, sigue aquí. Claro, con una Oreo. Porque, ¿Qué niño no se comería una Oreo? Y, ¿Qué niño no se comería un paquete, o dos? Y, ¿Qué padre, no le daría ese regalo a su hija/o bien para complacerlo, premiarlo, bien para callarlo?

Galletas Dinosaurs. He de admitirlo: me encanta esa mierda. Una de mis favoritas. Hubo una supuesta vinculación entre estas galletas y la AEP (Asociación Española de Pediatría).

Bueno, la foto no engaña:

  Vaya, y ¿Esto, qué es?· · ·

Si habéis visto el anuncio, quiero que leyendo esto lo veáis de nuevo. No se si os habéis dado cuenta, pero:

  1. Quien estaba realizando actividad física en el anuncio eran los dinosaurios.
  2. Cuando ha salido una pieza de fruta, el dinosaurio ha dicho: “oh, oh!”. Vaya putada, fruta. Y sinceramente, esperaba un zumito al lado o algo. Pero, nada más lejos de la realidad. La fruta debe haberse quedado sola, o a lo mejor la ha cogido el perro. Pero, el niño ni la ha tocado. Total, ¿Para qué?

Lo que sí hice una vez al ver el anuncio fue lo siguiente: me fui a la web de la AEP, y encontré esto:

Ante la petición que se ha realizado en algunos blogs y redes sociales a la Asociación Española de Pediatría (AEP) de retirar el “aval” de la Asociación a unas galletas, desde la AEP queremos aclarar lo siguiente:

La AEP no concede avales a ningún producto y cualquier alegación en este sentido por parte de una empresa es falsa.

La AEP, de acuerdo con las normas contenidas en su Marco Ético y con las recomendaciones de su Comité de Bioética, mantiene acuerdos de colaboración con organizaciones y entidades para fomento de la formación y programas de RSC (responsabilidad social corporativa) para actividades de promoción de la salud infantil, con empresas de distintos sectores. Estos acuerdos no afectan, en ningún caso a productos, y si estas empresas quieren hacer pública esta colaboración solo tienen autorización para señalar que son entidad “colaboradora” con la AEP.

¡Cojones! Soy el único en pensar que, si las galletas dicen: en colaboración con la AEP, probablemente no sean tan malas.

Bien, chicas y chicos, resulta que la colaboración con estas entidades no tiene “nada que ver” con sus productos de comida basura. Continúa la AEP:

No existen alimentos buenos o malos sino una alimentación saludable o no. En el caso de los niños hemos de conjugar idoneidad de la dieta y su aceptación por parte de los menores. La galletas –como otras formas de cereales– son buenos instrumentos para conseguir hacer una dieta variada y saludable.

¡Cojones! ¡Mezclando churras con meninas! Las galletas NO son saludables porque los ingredientes que contienen no te hacen ningún favor.

Tanto por su aceptación como por su valor nutricional, las galletas son un buen alimento para el desayuno y la merienda.

Claro, es que comer verduras es según la hora. O comer fruta también. Mirad, he estado en Asia viviendo casi dos meses y no he visto niños comiendo galletas en el desayuno o en la merienda.

La basura que tenemos por comida, ¿Tiene marca?

Mirad, si este blog tuviera un Sponsor de alguna compañía, entonces probablemente no hablaríamos mal de ellos, al menos hablaríamos mal de la competencia y no hablaríamos de nuestro Sponsor.

Fuera sarcasmos, no podemos decir que una marca específica es una basura. Depende del producto.

Cuando vamos a comprar generalmente, tenemos dos opciones: o comprar paquetes llamativos o no comprarlos. A más llamativo, más inversión en el envoltorio o paquete, y probablemente más mierda nutricionalmente hablando.

De todas maneras,

  • galletas: si no tienen azúcar, tienen grasas vegetales (hidrogenadas o no) y harinas refinadas;
  • dulces más de lo mismo, o peor;
  • snacks salados, un puñado de sal refinada en un refrito de los restos de otros productos (maíz, patata, trigo), junto con aceites o grasas vegetales;
  • ultraprocesados cárnicos (pavo, chopped, jamón, mortadela, salchichas…): que si cáncer, que si aditivos, que si sal. En fin, infinidad de razones para ponerlos en la basura.

No importa si vas a Mercadona, a Lidl o al Carrefour. En cualquier supermercado puedes hacer una elección buena (como cuando vas al mercado) o hacer una elección de basura.

Hasta aquí hoy, nuestra primera parte del post Lo que estamos comiendo es basura.

Esperamos que, hayamos agitado un poco nuestras cabezas con este primer post y, seguiremos la semana que viene con la segunda y última entrega. Prometemos que, no será una basura.

Un abrazo, ¡Amigos de España y Latinoamérica!

Bibliografía:

http://www.cuentayrazon.org/revista/pdf/114/Num114_006.pdf

http://www.mercasa-ediciones.es/alimentacion_2015/pdfs/AE2015_WEB.pdf

http://mercasa50aniversario.es/50/wp-content/uploads/2016/04/50_annos_de_alimentacion_en_espanna.pdf

http://www.aeped.es/comite-nutricion/documentos/aclaracion-aep-sobre-las-galletas

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